Antes de hablar de colores, de estilos o de referencias, te voy a pedir algo que probablemente no esperabas: tres objetos. No los más bonitos que tengas. Los que más significan.

Sé que suena raro. La mayoría de los procesos de diseño empiezan distinto — con un moodboard, con capturas de Pinterest, con fotos de espacios que te gustaron en una revista o en Instagram. Y no hay nada malo en eso. Pero yo no empiezo ahí.

Empiezo con tus objetos porque he aprendido, después de años haciendo esto, que un objeto guarda algo que ninguna referencia visual puede darme: tu historia. Una foto de un espacio ajeno me dice qué te gusta estéticamente. Un objeto tuyo me dice quién eres.

El ritual es simple, aunque no siempre fácil. Te pido tres objetos con valor emocional — no con valor estético, no con valor de mercado. Puede ser una taza descachada que era de tu abuela. Una piedra que recogiste en un viaje que cambió algo en ti. Una fotografía que nadie más entendería por qué guardas. Lo único que importa es que, cuando lo tomas en tus manos, sientas algo.

Lo que pasa después me sorprende cada vez. La persona empieza a contarme una historia que no tenía planeado contar. Y en esa historia, sin buscarlo, aparecen patrones — colores que se repiten, texturas que la calman, memorias que quiere honrar, versiones de sí misma que quiere recordar. Ese ejercicio de tres objetos me dice, en veinte minutos, más de lo que un moodboard de cien imágenes podría decirme en semanas.

Por qué funciona mejor que cualquier tendencia es simple: las tendencias vienen de afuera. Tus objetos vienen de adentro. Y un espacio diseñado desde adentro no necesita explicarse ni justificarse — simplemente se siente como tuyo, incluso años después, cuando las tendencias que estaban de moda cuando lo diseñamos ya hayan pasado.

No busco que el espacio final se parezca a esos tres objetos literalmente. Busco entender la sensibilidad que revelan — y traducir esa sensibilidad a decisiones de diseño: un color, una textura, una forma de organizar la luz.

A veces me preguntan si no sería más rápido simplemente mostrarme referencias visuales y avanzar directo. Y sí, probablemente sería más rápido. Pero no sería más certero. Un espacio diseñado a partir de referencias externas puede verse bien en una fotografía y, aun así, sentirse ajeno cuando finalmente vives en él. Ese desfase entre lo que se ve bien y lo que se siente propio es, casi siempre, lo que termina llevando a alguien a querer rediseñar todo otra vez unos años después. Empezar por tus objetos es, en el fondo, una forma de ahorrarte ese ciclo.

Así que si trabajamos juntos, prepárate para esa primera conversación. No traigas un Pinterest. Trae lo que de verdad significa algo para ti. Ahí es donde realmente empieza el proceso.